martes, 4 de octubre de 2011

Avispada avispa

Un verano, cómo no, da para mucho y, además de darle a la zanfoña, he podido también darle rienda suelta a mi vena naturalista y "curiosa".
Aprovechando los últimos coletazos de buen tiempo con el que el verano nos ha obsequiado este año más que de costumbre, fui a pasar un día en el campo con mi familia... el típico pic-nic de domingueros en algún lugar de la Sierra de Guadarrama, vamos.
Resultó que el lugar estaba plagado de avispas que se nos unieron sin miramientos al festín, pulando a sus anchas por entre las viandas como si de parte de la familia se tratase. Desafortunadamente para las avispas, el manjar predilecto de este insecto, como el de tantos otros, resultó ser el Trinaranjus de naranja. Digo desafortunadamente porque más de una acabó sumergida en el fondo de los vasos que contenían dicho refresco sin posibilidad de escapar. Aprovechando la coyuntura y para saciar la curiosidad de los más pequeños de la familia, se nos ocurrió rescatar a una de estas desdichadas avispas y ponerla al sol para ilustrar cómo los insectos, al contrario que los humanos, no se ahogan al sumergirse por un tiempo prolongado en agua (o un líquido de base acuosa como el Trinaranjus), al mismo tiempo que lo grababa en vídeo con mi cámara de fotos. El resultado fue este:


Esto ocurre porque, a diferencia de nosotros que respiramos a través de los pulmones, órganos que son incapaces de trabajar correctamente bajo el agua, los insectos poseen tráqueas que permiten un cierto intercambio de oxígeno a través de este líquido. Intercambio que, si bien no es suficiente para permitirles una completa actividad, si que les permite mantener un metabolismo basal y permanecer en un estado de muerte aparente pero sin llegar a morir ahogados. En cuanto ese agua que obstruye las tráqueas se evapora, el animal vuelve a respirar normalmente y recupera toda su actividad.

2 comentarios:

  1. Tienes razón, debería haber dicho "naturalisto" (palabra compuesta de "natural" y "listo") :P

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